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¡Don Serafín…el Brujo! PDF Imprimir E-mail
Escrito por Raúl Domínguez   

 Don Fernando Dauzón Coello –más xalapeño que el chile- es un viejo jubilado de la Secretaría de Finanzas de Veracruz.
Durante 43 años prestó sus servicios y supo moverse como pez en el agua en ese turbulento y proceloso mar de anquilosada burocracia, latente hipocresía e indignidad perenne, gracias a eso don Fer pudo colocar a sus hijos en diferentes dependencias y la última que estudió mercadotecnia es candidata a un espacio en el gabinete de Javier Duarte.
El viejo burócrata que hoy vive de su pensión –equivalente a una mentada de madre- está conciente que no es lo mismo “los tres mosqueteros que 50 años después” y sabe que la última de sus hijas tendrá que labrar por si misma su camino.
Sus únicas armas: Su excelente promedio, tres o cuatro amigos incrustados en el equipo de Duarte y una belleza corporal de diez…nada más.
Don Fer –cobró hace dos días- y aprovecha la quincena para visitar cuando menos cada mes la parroquia para saborear un lechero –aunque sea con pan- y saludar de paso a la runfla de haraganes que por las tardes acuden a ese sacrosanto lugar a componer el mundo y de paso a armar quinielas respecto al equipo de Duarte, si es que finalmente el Trife no le da palo.
De pronto don Serafín “El Che” Cobos Landa, jubilado de la Secretaría de Salud, pregunta  a Don Fer por “la última de sus princesas”.
Como el sexagenario sabe  que el  Che es un maldito libidinoso, le comenta que su hijita se hizo novia de un influyente asesor de Duarte, “de-antes” de la campaña, personaje que suena para la Secretaría particular.
Don Serafín –traga camote- y  en aparente a actitud fraternal  felicita a su cuate Fer, externando halagos y manifestando que “ahora si viejazo será tu sexenio”.
Escuchando el sarcasmo de su cuatito, el anciano que sufre de incontinencia urinaria se dirige lentamente a los sanitarios del comedero y en el trayecto medita para sí:
“No esta errado este puta cabrón del Cherafín. Denisse si la va hacer”.
Allá en uno de las primeras mesas se observa Serafincito con los clásicos tacos de “lengua” y en efecto le es propicio el momento de inyectar  veneno. Junto a él se encuentra el piloto Jorge Quintana y el ingeniero civil Alberto “N”.
Los tres observan las dificultades físicas de don Fernando al caminar y don Serafín recurre sin piedad a la sin huesos…
-Qué jodido se ve el amigo, no se cuidó a pesar de todo lo que robó en finanzas. Mírate en ese espejo mi George. Tú también mi Betín, rapiñale todo lo que puedas a la Sedarpa. Me daría tristeza verles así de zarrapastrosos.
Los interlocutores solo escuchan entre sorbo y sorbo, permitiendo que don Serafín, ex jefazo en la SSA, saque todo la toxina…
“Ah, y ese cuento que la hija se hizo novia de un asesor de Duarte  es  rollo del viejo. Segurito que ya anda de queridona de alguien de Palacio, o de algún diputadillo,  yo conozco a qué nivel está la putería, ahí el talento vale menos que un comino…”.
Pasados 10 minutos don Fer retorna a su mesa, sosteniéndose con un deteriorado bastón, sin que don Serafincito se percate del regreso de su cuatacho.
“¿Decías que? ¿Putería? ¿En donde hay putas mi Serafín? Pregunta muy interesado don Fer.
Y el ex jefazo de la SSA “culi-chiveado” ya sin la lucidez de hace 20 años trata de desvirtuar su plática y entre tartamudeos va saliendo del apuro:
“eh, esté, es que, verás, es que, bueno, aquí platicando con Alberto les decía que allá por el edificio del PRI estatal –cerca del minino negro- hay una putería que se extiende hasta Enríquez y el Parque Juárez… y de ahí la ruta prosigue  hacia Lázaro Cárdenas y Encanto, incluyendo Ferrocarril Interoceánico y Lázaro Cárdenas y en un descuidito llega hasta muy cerca de las Trancas, allá donde los Presidentes Municipales entran de rodillas como si fueran a la Villa…”.
Don Fernando, que en sus tiempos difícilmente se le iban vivas las palomas, procesa la información y no hace más que confirmar lo que sospecha don Serafín:
“Así es amigos, yo por eso le digo a mi hija que no se reapendeje, si las vas a dar que valga la pena…y con el noviecito que trae horita, podría ser hasta diputada, me cae de madres”.
Tras el comentario, el aviador y el agrónomo dirigen la mirada a don Serafín y al unísono exclaman:
“Viejo Brujo…Le atinaste”.
¡Así es Xalapa!
¡Así es la capital de Veracruz!
Así es, con amigos imaginarios y enemigos de verdad.
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